Los ruidos del avión, explicados uno a uno por un piloto

Casi todo el miedo a volar se alimenta de lo mismo: sonidos que no sabes interpretar. Un golpe seco, un zumbido que aparece, un motor que parece apagarse. Tu cabeza no tiene referencias para ese ruido, así que inventa una. Y casi nunca inventa algo tranquilizador.

Llevo más de 25 años en cabina. Vamos a recorrer un vuelo entero, ruido a ruido, en el orden en que los vas a oír. Cuando sepas qué es cada uno, dejarán de significar lo que tu mente cree.

Antes de despegar: pitidos, zumbidos y algo parecido a un ladrido

Estás sentado, la puerta aún abierta, y empiezan a sonar cosas. Pitidos cortos, un zumbido grave que va y viene, a veces un sonido raro que mucha gente describe como el ladrido de un perro.

Casi siempre son las bombas hidráulicas. El avión usa sistemas hidráulicos para mover cosas grandes y pesadas: el tren de aterrizaje, los flaps, los frenos. Esas bombas se activan y se paran según hagan falta, y cada vez que arrancan se oyen.

En esos minutos también notarás que las luces parpadean un momento o que el aire acondicionado se para y vuelve. No es un fallo: es el avión cambiando de fuente de energía. Antes de arrancar los motores funciona con una pequeña turbina auxiliar, el APU, y al encenderlos pasa a los generadores de los propios motores. Ese relevo se nota.

El despegue: por qué suena tanto

El despegue es el momento más ruidoso del vuelo, y hay una razón: es cuando los motores dan más potencia.

Ese ruido no sale solo del aire caliente que expulsa el motor. La mayor parte la produce el fan, el gran ventilador de la parte delantera, que mueve una cantidad enorme de aire girando muy rápido. Y luego está la mezcla: el aire caliente que sale del motor se encuentra de golpe con el aire frío del exterior. Es parecido a mezclar agua caliente con agua fría de golpe, que se agita y hace ruido.

El golpe seco después de despegar

Este es, de lejos, el que más asusta. El avión acaba de separarse del suelo, empieza a subir y de repente se oye un golpe seco por debajo, con una sensación de que algo frena.

Es el tren de aterrizaje recogiéndose. Las ruedas se pliegan hacia dentro del avión y las compuertas se cierran. El golpe es el tren llegando a su posición y quedando asegurado arriba.

Lo de que «parece que frena» tampoco es imaginación tuya, y tiene su lógica: con el tren fuera, el avión arrastra mucho aire. Al recogerlo se vuelve más limpio y aerodinámico. Lo que notas es un cambio de comportamiento, no una pérdida de control.

Ese mismo ruido lo volverás a oír al final del vuelo, cuando el tren baje otra vez.

Los motores bajan de golpe y parece que se apagan

A los pocos minutos de despegar, el rugido baja de repente. Mucha gente lo vive como si los motores estuvieran perdiendo fuerza o apagándose.

Lo que pasa es sencillo: los motores cambian de potencia de despegue a potencia de ascenso, que es menor. Para despegar hace falta mucha más potencia que para seguir subiendo, así que en cuanto el avión está establecido, se reduce.

No es que el avión se quede sin fuerza. Es que ya no necesita toda la que tiene. Los motores de un avión comercial guardan bastante más potencia de la que se usa en la mayoría de las fases del vuelo.

En crucero: el siseo constante

Una vez arriba, el ruido se vuelve un fondo continuo. Son los motores, sí, pero también el aire pasando por el fuselaje a gran velocidad y el sistema de aire acondicionado, que renueva constantemente el aire de la cabina.

Curiosamente, hay pasajeros a los que les inquieta justo lo contrario: que se oiga poco. Me ha pasado en vuelo, con un pasajero al lado preguntándome por qué apenas se escuchaban los motores.

La respuesta es que los motores modernos son cada vez más silenciosos y eficientes, y a gran altitud lo son todavía más. Que se oiga poco no indica que algo vaya mal: indica exactamente lo contrario.

En el descenso: zumbidos largos y un golpe

En la aproximación vuelve la actividad, y con ella los ruidos.

Primero se despliegan los flaps y los slats, unas superficies móviles de las alas que permiten volar más despacio sin perder sustentación. Se mueven poco a poco, y se oye un zumbido largo, mecánico, que va por fases.

Después llega el ruido más fuerte de toda esta parte del vuelo: el tren de aterrizaje bajando. Es un sonido largo, que termina con un golpe seco. Ese golpe es buena señal: significa que el tren está abajo y asegurado.

Al tocar pista: el rugido que parece una aceleración

Tocas suelo y, justo entonces, los motores rugen con fuerza. Muchos pasajeros piensan que el avión está acelerando, o que no ha podido aterrizar y vuelve a subir.

Es justo lo contrario: son las reversas. Un sistema que redirige hacia delante el aire que sale de los motores, funcionando como una especie de freno de aire. Suena a potencia porque lo es, pero está trabajando para detener el avión, no para lanzarlo.

La frenada puede resultar algo brusca, y también es normal. El avión pesa mucho y llega rápido: cuanto antes se detenga, mejor. Y si el aterrizaje te parece duro, tampoco pasa nada. Entre pilotos hay un dicho en España: «toma dura, toma segura».

¿Hay algún ruido que a mí sí me haga levantar la vista?

Te respondo con honestidad, porque creo que ayuda más que un «no te preocupes por nada».

Sí: lo que no es normal. Pero ojo a lo que significa eso. No presto atención a un ruido por ser fuerte, ni por ser raro para un pasajero. Presto atención cuando aparece algo que no encaja en esa fase del vuelo, o cuando falta algo que debería estar sonando.

Y ahí está la diferencia entre tú y yo: no es valentía, es repertorio. Yo llevo miles de horas oyendo el mismo avión hacer las mismas cosas en el mismo orden. Tengo con qué comparar. Tú, si vuelas dos veces al año, no.

Por eso este artículo no va de datos curiosos. Va de darte referencias. Cuantos más ruidos sepas identificar, menos espacio le queda a tu mente para inventar.

La próxima vez que vueles

Prueba algo distinto: en lugar de esperar los ruidos con tensión, anticípalos. Ve diciéndote por dentro «ahora se recoge el tren», «ahora bajan la potencia», «ahora salen los flaps».

Cuando el sonido llega después de que lo hayas nombrado, deja de ser una alarma y pasa a ser una confirmación. Es exactamente lo mismo que hacemos nosotros en cabina, solo que nosotros lo llamamos procedimiento.

Si quieres seguir por aquí, te cuento también qué pasa de verdad con las turbulencias y cómo nos formamos los pilotos para que nada se improvise.

Todo esto, explicado con calma

En mi libro Vuela Sin Miedo recorro un vuelo entero igual que aquí, pero con mucho más detalle: los sistemas del avión, la presurización, el piloto automático, las turbulencias y qué hacer en cada momento. Es la conversación que tuve con un pasajero ansioso en un vuelo real, convertida en método.

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¿Y tú?

¿Hay algún ruido que te inquiete y que no esté en esta lista? Descríbelo en los comentarios, aunque sea mal: «un chasquido antes de despegar», «un silbido junto a la ventanilla». Te digo qué es.

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